Cómo era mi plantilla
Una pestaña por mes. En cada pestaña, una columna por categoría: comida, transporte, ocio, hogar, suscripciones. Filas por día. Abajo del todo, una fila de totales y un gráfico de tarta con la distribución del mes. Otra pestaña agregaba los totales del año.
La parte que más me gustaba era ese gráfico. Cada vez que añadía un gasto, veía actualizarse las proporciones. Funcionaba como un pequeño feedback inmediato: tu dinero se ha movido, esto ha pasado.
Lo que funcionó
La plantilla me hizo consciente. Antes de tenerla, mis gastos eran una nube. Después, eran filas con importes y fechas. Pasé de “no sé en qué se va” a “se me va en cenar fuera dos veces por semana”. Eso, solo eso, ya cambió decisiones.
También me sirvió para detectar suscripciones olvidadas. Cuando ves “12,99 €” aparecer el mismo día cada mes durante un año, te preguntas qué es. Cancelé tres servicios que había olvidado tener.
Por qué la dejé
Tres razones, en orden de peso.
1. Apuntar pesaba demasiado
Abrir Excel en el móvil —porque casi siempre apuntaba desde el móvil— tarda diez segundos. Encontrar la fila del día, otros cinco. Escribir, guardar. Sumas treinta segundos. No suena a mucho, pero cuando llevas tres comidas, dos cafés y una compra al supermercado, son cinco minutos de fricción al día. Y la fricción gana siempre.
2. La sincronización fallaba
Usaba Google Sheets para sincronizar entre el portátil y el móvil. Cada cierto tiempo, se duplicaban filas o desaparecían cifras. Una vez perdí dos semanas de datos por un conflicto de versiones. A partir de ahí, dejé de confiar.
3. No funcionaba sin internet
Cuando viajaba —especialmente fuera de cobertura— me quedaba sin app de gastos. Apuntaba en una nota del móvil y luego copiaba a Excel cuando volvía. Lo que significa que en la mitad de los casos, no apuntaba.
Qué hago ahora
Cambié a una app que funciona local-first: los datos viven primero en mi dispositivo, se sincronizan automáticamente cuando hay internet, y nunca pierdo nada. Apuntar es un gesto de tres segundos. Sigo viendo el mismo gráfico de tarta, pero ya no peleo con el formato.
La app es Sumant, que construyo yo. No es la única opción que existe, pero es la que diseñé pensando exactamente en este problema: cómo no abandonar el hábito en marzo.
Cuándo seguir con Excel
Si tu Excel funciona, no lo cambies. La mejor herramienta es la que usas. Pero si te pasa lo que me pasaba a mí —que cada gasto es un microconflicto interno entre “apunto” y “lo dejo para luego”—, prueba otra cosa. Lo que no se puede es seguir peleando con la herramienta y echarse la culpa a uno mismo.